viernes, 17 de diciembre de 2010

MANIFIESTO SIONISTA / AFRO REMENIK

El sionismo debía ser. Las circunstancias históricas del pueblo judío europeo de los siglos pesados no les dejaban muchas opciones. En base a este "deber ser" el pueblo judío tomo el riesgo de hacerse responsable de su supervivencia física, de su renacer cultural, de su representación política y de su independencia económica.
Para los sionistas este "deber ser" no sólo representa la única posibilidad de supervivencia del pueblo judío, sino también una de sus máximas creaciones. En este sentido, para los sionistas el Estado de Israel no es sólo una realidad  imposible, sino que es prueba de que el hombre puede cambiar su destino.
Para el joven jalutz, el máximo representante de este "deber ser sionismo", su condición no sólo era vivida como un instinto de supervivencia, sino que representaba una obligación moral, y por tanto una autoimposición de superación tanto como individuo tanto como pueblo. El deber ser sionista surge, se desarrolla y logra sus mayores éxitos en el ámbito de las obligaciones. El sionismo era una exigencia intelectual, un instinto de conservación, una moralidad específica, era hambre.
Para ellos, la imagen de un Israel desértico e inhóspito era la contracara perfecta de esta deontología austera y ruda; los pantanos llenos de malaria y muerte eran la prueba irrefutable de la necesidad de sus convicciones.
Históricamente la cúspide del deber ser sionista coincide con el comienzo de su decadencia: la guerra de los seis días del '67. Desde este momento el sionismo comienza a dejar de deber ser, para comenzar a ser. Hoy el sionismo "simplemente" es (como si ser fuera algo simple). Y esta ontología es la que nos toca vivir a nosotros.
Contrariamente al deber ser sionista, el ser sionista se encuentra situado en el mundo de la libertad. Un mundo distinto en cuanto a su lógica, en cuanto a su lenguaje. En el planeta del ser sionista nadie puede obligarte a tomar una resolución o otra (al estilo "alia es la única verdad"); el ser sionista no es una autoimposición sino que es un desafío, en que libre y soberanamente podemos de elegir o no; el ser sionista es una verificación de nuestra diferencia, y no un producto de un proceso de identificación, y en este sentido el sionista no se identifica como tal, sino que más bien se diferencia como sionista.
Es así como surge un nuevo joven jalutz, para el cual no existe una única decisión mejor que otra, sino que la mejor decisión es la diferente a todas las anteriores. El nuevo jalutz está en constante búsqueda de la autenticidad, de su sionismo, de su propio y único combate. Ya que nadie puede enamorarse bajo el régimen del "deber ser", el nuevo jalutz tiene la posibilidad de enamorarse de Israel, y en este sentido es un retorno a las fuentes de "jovavei tzion", época en que el sionismo todavía no estaba  obligado a ser.
Las imágenes que mejor corresponde al nuevo "ser jalutz" son los verdes campos que rodean Beer-Sheva o los enormes bosques de pinos del Carmel, y es en este sentido que nos duele tanto el incendio de la semana pasado. Los arboles quemándose en las laderas de los montes son un golpe bajo a nuestra autenticidad sionista, y lo hemos sentido profundamente porque compromete nuestra libertad.
El sionismo dejo de deber ser una exigencia, un reflejo condicionado, una moral y un hambre, para ser una contradicción intelectual, una corazonada de supervivencia, un deseo visceral, un enamoramiento de joven quinceañero que observa desde lejos las laderas arboleadas del Carmel.
SIONISTAS DEL MUNDO DIFERENCIAOS!!

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